El panteísmo estético de Diaz Fuentes
El panteísmo estético de Diaz Fuentes
Todo el saber humano (si en opinion de Sócrates hay quien sepa) se reduce hoy al acierto de una sabia elección. Poco o nada se inventa, y en lo que más importa se ha de tener por sospechosa cualquier novedad.
Estamos ya a los fines de los siglos. Alla en la edad de oro se inventaba : añadióse después ; ya todo es repetir. Vense adelantadas todas las cosas, de modo que ya no queda nada que hacer, sino elegir. Vívese de elección, uno de los más importantes favores de la naturaleza, comunicado a pocos, porque la singularidad y la excelencia doblen el aprecio.
De aquí es que vemos cada día hombres de ingenio sutil, de juicio acre, estudiosos y noticiosos también, que en llegando a la elección, se pierden. Escogen siempre lo peor, páganse de lo menos acertado ; gústanse de la menos plausible, con nota de los juicios y desprecios de los demás. Todo les sale infelizmente, y no solo no consiguen aplauso, pero ni aun agrado. Jamás hicieron cosa insigne, y todo ello por faltarles el gran saber de elegir : de suerte que no bastan ni el estudio ni el ingenio donde falta la elección.
Hay algunos empleos, que su principal ejercicio consiste en elegir : y en estos es mayor la dependencia de su dirección : en las vulgares artes tiene también lugar. Un mal gusto todo lo desazona ; y las mismas cosas excelentes par su perfección las malogra por su mala disposición. Supone, además de lo extremado del gusto, una adecuada compresión de todas las circustancias que se requieren para el acierto individual. "
Diaz Fuentes juega con fuego acercándose a la madera. Tal materia noble y hermosa debiera quedarse cual es, sin que alevosos la profaren. Pero su primer acierto consiste en elegir, y luego piensa su mano, y su mano sigue el pensamiento escondido en la materia. Saca a la luz el dinamismo y el equilibrio de fuerzas ocultas y actuantes, remontando al origen de la cosas, y se iden-tifica con el objeto.
Dice también Gracián que "atribuyen algunos estos aciertos a sola la ventura, y debieran también a una perspicacia prodigiosa", pues lo es llegar a la sencillez del interior de los troncos acercándose a su sentido real : la perfección, la variedad de las formas de una a otra
escultura (y en sus dibujos el esbozo lineal de su situación en el espacio) proviene de una ausencia de " estilo " y de su extrema sencillez, que despierta en nosotros el sentido de lo universal y de lo sagrado. No es un arte abstracto, ya que el origen de su inspira-ción es la realidad de la materia ; no es surrealismo, porque no evoca imágenes surgidas del inconsciente, ni las obsesiones oníricas de una subjetividad absolutista : tampoco es barroco, al no aspirar a un equilibrio exuberante ; ni es clásico, que no corresponde a ningún principio establecido o a la convención de la belleza ideal : ni expresionista, pues no acude a la deformación exterior para plasmar una idea o un tormento interior.
Esta facultad de indentificación a un objeto, a un tronco de árbol es, además de privativo de la perspicacia que dice Gracián, actitud constante de un campesino ante la naturaleza, muy distinta de la del artista " culto ", que reduce al mundo a su propia representación. Entre estas esculturas y nosotros no cabe ninguna teoría : las formas son puras sin ser geométrias, abstractas sin gratuidad ni retuécanos ; las formas lisas no lo son : tienen imperceptibles ondulaciones sensuales por donde aflora una estética panteísta, o un panteísmo estético.
Paris - Julio 80 Ramon Chao
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